viernes, 30 de marzo de 2018

El que quiere azul celeste que le cueste

Desperté a eso de las 7am para ordenar un poco mi casa antes de que llegaran mis amigas para continuar con el trabajo. Seguía medio enferma pero a base de pastillas me pude sostener.

La primera en llegar fue Ana Paula y estuvimos escalando el proyecto para convertirlo en maqueta, Isabel llegó más tarde. Al final Ana Paula y yo avanzamos más la maqueta e Isabel le daba más toques a los paneles.

Hemos almorzado pescadito porque es Viernes Santo, a mí me gusta, pero supongo que para los creyentes que no gusten del pescado debe ser horrible. Ahora, otra cosa, no es que yo sea netamente creyente, pero al menos de rotulo, pues sí. Y como que ya se hizo costumbre en mi hogar. De hecho me acordé de una situación hace años, cuando estaba por Jirón de la Unión con mi padre y mi hermana, y ella se moría por McDonalds, al final mi padre entró y le compró unas papitas, porque bueno, supuestamente no podíamos comer pollo.

Hemos seguido avanzado y estando al tanto del nuestros contrincantes. Según la información que hemos logrado obtener, ellos ya iban a la mitad de la maqueta y tenían un integrante con el dedo cortado. Nosotras nos estamos demorando una vida para la maqueta y paneles, pero por lo que veo, vamos bien.


Sinceramente ya tenía experiencia maqueteando cosas menos abstractas por el Taller que llevé el verano pasado y un poco por la ayuda que le di a Samantha en 2017-2. Por ello tenía miedo a los acabados que mis amigas pudieran lograr. Pero bueno, como le dije, vamos bien.

Hemos comprado municiones para empilarnos, aparte de la música a cargo de Isa, que nos ha tenido todo el día con reggaeton y cosas movidas. Compramos una Nik, unas Casino, y un Turbo a pedido de Ana Paula que ayer se quejaba de que ya no existían los heladitos de 50 centimos, y, es un hecho, ahora hay uno que cuesta 1 sol.

Mis amigas se han quedado hasta las 8:30pm. Me quedé un rato más acabando parte de la planta 2, y luego he cenando y me he distraído como se debe.


domingo, 7 de enero de 2018

Riesgos

Me he despertado semitemprano para ir a casa de Pierito. En el bus me he encontrado con Renato, lo acompañé a tomar desayuno. Los dos estabamos un poquito tarde pero fuimos los segundos en llegar. La primera en llegar fue Damaris, que extrañamente estuvo puntual, según Piero. Luego llegaron Brayan y su primo, y un poquito más tarde Julia. 

Estuvimos buscando bicis extras para no tener que alquilar, porque, sinceramente, el alquiler anda un poco costoso (10 soles la hora). Jhon me prestó su bici, pero cuando fuimos a buscarla a casa de Carlos, él nunca abrió la puerta, no sé si en serio estaba dormido o no abrió porque no lo invitamos a ir con nosotros. 

Más tarde, Alonso nos dijo que podía prestarnos algunas bicis y fuimos a su casita. Damaris me llevó en el asiento extra de su bici. No sé como lo hizo pero me ahorré una caminata de 10 cuadras más o menos. 

Estuvieron un rato en su patio y mientras tanto yo estaba tratando de aprender a manejar. Luego de un rato empezamos. Nuestra meta era llegar hasta Miraflores pero yo no ayudaba mucho. Me quedaba varias cuadras atrás porque no conseguía manejar bien. A decir verdad me asustaba un poco porque los domingos hay mucha gente con bicis y pues no quería lastimar a nadie por hacer malos movimientos o quedarme parada en el camino. 

Al final la lastimada he sido yo. Me he caído un montón de veces y tengo un montón de moretones pero supongo que así es como se aprende. En mi última caída, no sé que le hice a la bici de Pierito pero la arruiné por un momento, lo bueno es que por ahí andaban los que hacen mantenimiento y nos han ayudado. 

En algún momento de nuestro trip ha aparecido Brayni. Alonso me ha contado que dentro de poco se irá a Argentina con él para estudiar en la UBA, qué genial, espero que les vaya muy bien. 

Por cierto, la casa de Alonso me parece muy bonita.
Regresamos a casa de Alonso para dejar las bicis y he podido manejar algo mejor. Renato ha regresado luego de que fuera a dejar la bici alquilada. Alonso nos ha invitado chicha y un poco de kekito. En su casa habían preparado unos kekes de manzana y plátano que estaban demasiado. Damaris me daba algo de risa porque empezó a picarlo sin verguenza alguna, incluso cuando Alonso dijo que tampoco comieramos tantísimo. Al final del kekito y medio que había cuando llegamos solo ha quedado 1/4. Hemos estado tonteando un rato y luego los chicos se pusieron a organizar una fiesta de despedida para cuando se vayan a Buenos Aires. Me invitaron, pero dudo que me dejen. El asunto es en Chincha. 

Luego me he dado cuenta que se me hacía tarde ya que hoy había planeado ir al cine con Samantha y Antuanette para poder ver Coco por fin. Lo que sucedió fue que estos días hay una promoción con la cual en Cinemark solo pagas 5 soles por entrada en las primeras funciones. Hice algunas llamadas, me despedí de toditos y fui a casa de Sam para poder ir al cine. El primer plan era caminar hasta algún paradero en la Av. Arequipa, pero no tengo ni idea de porque, con todos mi golpes, he decidido ir caminando hasta la Av. San Felipe. Hace tiempo no caminaba por Lince, me he despejado bastante. 


Cuando llegué a casa de Sam ella aún ni se había duchado. Aunque la admiro, se alistó muy rápido. Hablé con Marcia porque me había cancelado, recién llegaba de sus clases de portugués, la logré convencer, y en unos minutos ya estaba en casa de Sam, realmente vive muy cerca. Fuimos hasta el Cinemark y resulta que ya no había entradas, sinceramente, fue algo decepcionante. Decidimos ir hasta Plaza San Miguel. Luego Sam me hizo recordar mis cupones de Entel y resulta que eso fue lo que nos hizo conseguir poder ver la película. 


La película me gustó bastante: la historia, el arte, la música (aunque no es mi estilo) y el doblaje. Bueno, sé que la mayoría ya la ha visto, pero bueno. Trata de un chiquito que ama la música, pero su familia, sobretodo su abuelita, por un incoveniente del pasado, le prohibe acercarse a ella. Sin embargo, este es su sueño y por esto logra encrucijarse en una situación medio complicada en la que tendrá que descubrir que seguir sus sueños es importante pero que la familia también lo es. Lloré demasiado. 

Más tarde regresamos a casa. Dejé a Marcia en su puerta y fui caminando desde el cine hasta mi casa. No es un viaje tan largo, pero tampoco es cortito. Lo bueno es que día estuvo nublado.

Llegué muertaza. Mi madre preparó chaufita. Más tarde vimos una película que le recomendó Diana en Netflix. Se llama La decisión más díficil