domingo, 19 de enero de 2020

Lazos desconocidos

Me he despertado a la fuerza para tratar de ayudar a limpiar la casa un poco, he lavado los platos, barrido algo.

Hoy preparamos ceviche a pedido de mi abuelito que hace días esta antojado de uno, entonces le pedí a Chino que me diera algunas recomendaciones, al final me pasó un vídeo que mi madre y yo vimos. Para ser mi primer ceviche, nada mal! No es tan difícil como creí. Y si no me creen aquí les dejo el vídeo:



Luego estuvimos almorzando en la mesa (raro), mientras veíamos un película que me hace recordar mucho a mi tía, esta es Evolution, del 2001, es una película súper sin sentido con aliens y el gobierno y cosas así que la verdad no sé porque la veíamos a cada rato cuando eramos más peques, quizás la pasaban siempre. Sigo sin superar y olvidar que se puede exterminar aliens con Head & Shoulders. Bueno, de verdad hubo demasiada publicidad en ella. Esta es la escena final, joder.


Ya me había tirado de nuevo en camita, estaba recontra cansada, hasta que mi mamá me pidió que acompañe a mi abue a casa de unos tíos y primos, a lo cual accedí porque la verdad hace tiempo que mi abuelito quería salir conmigo.

Sinceramente tengo algo de miedo a que le pase algo, habla de la muerte con naturalidad, está viejito y eso de tener antojos o que mis mascotas se emocionen tanto con ver a mis abues me asusta. Nunca ha muerto un familiar cercano a mí. Lo bueno es que en su último chequeo el doctor le dijo que de cáncer. no iba a morir, solo que se cuide de tener caídas, el ya no ve tan bien así que si puedo acompañarlo a la tienda o a casa de sus sobrinos, qué bueno. No sé porque yo significo tanto para él, de verdad siento que soy la favorita, quizás porque soy la más parecida a él. Mi abuelito es una persona artística, muy sensible y sentimental.

Bueno, tomamos un taxi al departamento de mis familiares, donde sinceramente, no reconocía ni recordaba a ninguno: los desconocía. Estaba mareada porque habían 7 adultos ahí, 2 que aún estaban en los 20 así que no me sentí incomoda y de todas maneras las charlas con todos eran amenas y entretenidas. Mi abuelo y un tío contaron algunas de sus historias y todos se quedaban calladitos escuchando. Fue lindo, a decir verdad yo ya había escuchado casi todas las historias que contó mi abuelito, pero descubrí más historias de la familia, y es interesante, como nos movemos todos, como nacemos en un lugar y terminamos a veces en otro, como nuestra familia se expande, se separa y junta. Todos trataban a mi abuelito súper lindo, y conmigo también lo hicieron, exigieron que nos viéramos más seguido, creo que les agradé. Me hizo sentir en familia de verdad, ojalá que cuando mucho mayor pase lo mismo con mis hermanos.

Agregué a Facebook a una prima llamada Alexandra, siento que nos parecemos, me agrada bastante. Creo que quedaremos para vernos otro día y conocernos más, lo que me sorprende es que tiene 27, y se me hace más joven. Me alegro de haberla conocido, aunque aparentemente ya lo habíamos hecho cuando yo aún era bebé.

Fue una tarde-noche bonita. Antes de lunchear, me puse a ver el paisaje desde su ventana, viven frente a El Golf, así que se ve muy cute el atardecer. Y también estaba un poco frío por la altura, no me imagino como será cuando me mude al piso 17.

Hace mucho tiempo que no comía pan, pero no me sentí nada culpable al hacerlo, y solo lo disfruté, de verdad fue una tarde hermosa. Sinceramente entre que contaban sus historias, yo también tuve ganas de mostrarles algo que escribí, hace años no escribo historias, cuentos, y así; pero suelo escribir sobre sentimientos y pensamientos, tenía el borrador de algo. Al final, no tuve el valor, y me quedé calladita, pero espero algún día poder compartir mi escrito en voz alta. Adjunto el borrador por aquí:

La lluvia, una composición de nuestras lágrimas

Algunos lloramos por todo: cuando algo no nos sale algo como lo esperábamos y nos frustramos, cuando estamos felices a más no poder, cuando sucede algo malo u inesperado, cuando nos reímos tanto que nos duele la barriga, cuando picamos cebolla, cuando nos cae champú a los ojos, cuando bostezamos, cuando llega el final de la película, cuando nos hieren, cuando nos tratan de animar, y cuando simplemente nos sentimos mal. 

Todas estas gotitas, cuando les llega la hora, viajan por la inmensidad de la atmósfera, se juntan con lo que algún día significaron distintas situaciones y sentimientos de extraños, y juntas van al ataque, van a empapar a más gente. Empapan a los que no lloran y a los que lloran. Quizás nuevamente tu rostro.

Los que no lloran se hacen los duros, se la aguantan. Creen y dicen estar bien siempre, y mencionan, además, que solo lloran en ciertas ocasiones, pero se engañan. Llorar no es solo dejar que lágrimas se escurran por nuestras mejillas:

Llorar es asustarse, llorar es sonreír, llorar es enojarse, esconderse, lamentarse, preocuparse, conmoverse, y muchísimo más.

Todos lloramos: los duros, y los blanditos de sentimientos.

Entonces, cuando nos ataca la lluvia, sentimos todas esas cositas que alguna vez experimentaron otras personas, quizás un extraño, quizás alguien que conoces, quizás alguien que amas; a veces cosas que nos alegran, a veces cosas que nos deprimen. La lluvia es agridulce. 

La próxima vez que las infinitas gotitas te vengan molestar tu madrugada, día, tarde, noche, solo déjate sentir. 

Luego pedimos un taxi de regreso a casita, nos demoramos como media hora en conseguir uno porque era domingo y suelen cerrar algunas calles por San Isidro, y solo dejan pasar a propietarios. Mis tíos Edgar y César nos acompañaron, y estuvimos en el aire esperando.

Una vez en casita mi mamá me comenzó a explicar más sobre ellos y quién era cada uno, y comprendí más o menos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario